sábado, 27 de octubre de 2012

TESTIMONIO DE NANCY CHÁVEZ, LAICA MISIONERA


 Nancy Chávez, laica misionera de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, nos escribe desde Pucallpa, camino hacia Macaya:


La misión es hoy
 
Nancy Chávez en el centro comparte su experiencia.
 Hoy es un día con cielo nublado en esta ciudad de Pucallpa, ayer ha llovido y cosa  increíble hace un poquito de frio  después de soportar el intenso calor.  Quiero escribir lo que para mí está significando este  tiempo de respuesta  al llamado gratuito del Señor Jesús a la Misión.  Uno de los momentos muy significativos para toda misionera, es la ceremonia de envío que se suele realizar, sea en el espacio de oración comunitaria o de una celebración litúrgica, como es la eucaristía.
Hace un tiempo atrás que no había vivido, la ceremonia de envío a través de la oración comunitaria.  La tarde del domingo 9 de Septiembre, luego de la reunión mensual que como  Asociación laical solemos tener, nos reunimos en la capilla de la casa de Palao, para compartir a  la luz del Señor, la ceremonia de envío: laicas y religiosas  nos congregamos ante el Señor, fuimos tres las enviadas: Astrid, Melvi y yo.  La  oración fue toda una expresión de  la opción Ad-gentes, que se vive desde la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús, como carisma,  en respuesta  a la llamada de Jesús, esta hizo eco en nuestro oídos  al escuchar la palabra de Mt. 28, 18-20  “…vayan a todos los confines de la tierra… bauticen en el nombre del padre, del hijo y del Espíritu Santo…y yo estaré con ustedes, hasta el final de los tiempos”
Astrid, Nancy y Melvy enviadas para ir a las misiones de la selva.
El ardor del Espíritu del Señor se manifestó  en ese momento, Dios que llama a través de su hijo Jesús, nos muestra su gran amor, y nos llama a la Misión,  por lo que, si bien es cierto a cada una llama de manera particular, no deja de ser el envío una expresión y compromiso  comunitario, era hermoso escuchar por ejemplo, las palabras de cada hermana en oración, todas nos sentíamos comprometidas, reavivadas, para no ser ajenas al llamado del señor, allí en los espacios donde nos toca vivir, sabiendo que El está con nosotras.

Si bien es cierto, en la ceremonia,  fui enviada a la misión de la comunidad Shipiba de  Macaya (Alto Ucayali)  no vengo “sola”, sé que mis hermanas de congregación, laicas y religiosas, como mi familia de sangre, me acompañan con sus oraciones, sus buenos deseos, y sentimientos.  Dios ha permitido que seamos ahora tres las enviadas a tres lugares diferentes, aunque por tiempos de permanencia distintos, pero fuera de todo es el Amor de Jesús, que se nos manifiesta para seguir dando pasos hacia un compromiso más definido, o más prolongado en la Misión conjunta.
Hermana Cabi, Nancy y un hermano shipibo.
  Hoy al ir al puerto de la ciudad de Pucallpa,  en busca de bote, para viajar a Macaya,   con Sanquen Cabi, (La hna. Carmen Pérez),  nos encontramos con dos personas, a quienes yo había enseñado en mi primer paso por Macaya, hace 28 años,  me saludaron con una hermosa sonrisa y con palabras de recuerdo, los dos ya son padres de familia, uno es profesor y el otro motorista, todos hemos cambiando, fue hermoso sentir que me recordaban, aunque al verlos observé  que el tiempo ha pasado para todos, pero la ilusión por el reencuentro, y el servicio a la Misión es mucho más  grande.
Sinceramente tengo mucha ilusión.  Mi mirada de la Misión, mis expectativas,  son diferentes de cuando estaba en Lima, o en otro momento de mi vida.  Hoy la misión es hoy, voy sintiendo mi compromiso renovado como laica misionera dentro de la Compañía y considero que este es el momento para vivir a profundidad esta vocación que Dios me ha permitido vivir a lo largo de mis 53 años, lo digo así, ya que toda mi vida ha sido de salir de mi misma, no solo del espacio físico de mi casa, del lugar de nacimiento, sino de desinstalarme a cada momento, hacia una madurez espiritual y de compromiso misionero. 

 Aunque he estado en tantos lugares de misión  dentro y fuera del país, vivo el presente como nuevo ya que cada paso que damos es así: nuevo;  Dios nos conduce y me pongo en sus manos.  No niego que aunque gozo en la Selva, en el encuentro con cada persona, los zancudos y los izangos son mi temor, por lo que me haré más amiga de ellos  al estilo de San Francisco de Asís. 
Nancy Chávez, laica misionera en Macaya con  niños shipibos.

Un abrazo fraterno, lleno de mucha alegría que me embarga al escribirles y al  saber que también están acá. ¡Dios es grande!   

Nancy Chavez (Corin Same-mi nombre en Shipibo)

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