martes, 16 de febrero de 2016

Amazonas: alarma por derrame de petróleo que contamina al río Marañón

Organismo indígena confirmó que las lluvias esparcieron el crudo hasta este afluente del río Amazonas, tras el derrame del pasado 25 de enero.

Derrame de petróleo
Hasta el momento los esfuerzos de Petroperú por detener el avance del crudo han sido infructuosos. | Fuente: Municipalidad de Imaza
El derrame de unos 2.000 barriles de petróleo ocurrido el pasado 25 de enero en la región Amazonas se esparció a causa de las lluvias y ya llegó hasta el río Marañón, informó la Organización Regional de Pueblos Indígenas de la Amazonía Norte del Perú (Orpian-P).

El derrame se produjo en el oleoducto norperuano, de la estatal Petroperú, a unos tres kilómetros del río Chiriaco, afluente del Marañón. 

El presidente de la Orpian-P, Edwin Montenegro, explicó que el agua de la lluvia llevó el petróleo derramado hasta el río Chiriaco y luego al Marañón porque las barreras de protección colocadas por Petroperú se vieron rebasadas ante la crecida de las aguas.

"Petroperú está más preocupada en recuperar el petróleo perdido que en limpiar la zona afectada y brindar asistencia a las comunidades que ahora ven contaminada su principal fuente de agua", afirmó. 

Un video subido a Facebook con imágenes proporcionadas por la municipalidad de Imaza muestra cómo el crudo tiñe con manchas negras el agua y deja ver su consistencia viscosa, llegando a ser muy densa en algunos tramos. Según los pobladores de esa zona el petróleo cubrió 30 kilómetros del río Chiriaco antes de llegar al Marañón. 
El presidente de la Orpian-P informó que Petroperú paga a los miembros de las comunidades locales afectadas 10 soles por cada balde con crudo recogido en la zona.

"Un total de 200 personas se encuentran trabajando, entre ellas niños, que no se dan cuenta de lo tóxico que es el petróleo para sus cuerpos", afirmó.

sábado, 13 de febrero de 2016

Defensoría del Pueblo solicita atención inmediata e indemnización para población indígena afectada por derrames petroleros en Amazonas y Loreto


Se debe garantizar la provisión del líquido elemento y alimentos porque los existentes en la zona se encuentran contaminados.
Se debe garantizar la provisión del líquido elemento y alimentos porque los existentes en la zona se encuentran contaminados.
El Defensor del Pueblo (e), Eduardo Vega Luna, señaló que Petroperú y diversas entidades vinculadas deben atender con celeridad a las poblaciones indígenas afectadas por dos (02) derrames de petróleo que se han producido en lo que va del año en Amazonas y Loreto. “Es urgente garantizar la provisión de agua potable y alimentos porque son fuentes de consumo de la población de la zona” refirió el funcionario.
“Además de atender la emergencia ambiental, Petroperú debe reparar a las comunidades afectadas en un plazo razonable” dijo Vega tras señalar que “algunos dirigentes y autoridades locales han manifestado sus quejas por la insuficiente atención a la población”.
Asimismo, indicó que Petroperú debe mejorar significativamente el cumplimiento de sus obligaciones técnicas, ambientales y sociales en lo relacionado al transporte de hidrocarburos teniendo en cuenta la antigüedad de la infraestructura del Oleoducto Norperuano.
“Los derrames producidos no son hechos aislados pues son ─ al menos ─ tres (03) los derrames en el Oleoducto Norperuano producidos desde el 2014. Uno en junio de dicho año, a causa de un proceso corrosivo exterior por la pérdida del recubrimiento protector de la tubería, que contaminó la Quebrada de Cuninico (Loreto). A este se suman los derrames producidos este año, el 25 de enero en Amazonas y el 03 de febrero en Loreto” añadió Vega.

ALERTA DE AIDESEP SOBRE LOS PUEBLOS INDÍGENAS


Aidesep Pueblos Indígenas



Hermanos y hermanas hemos iniciado el año con tragedias de contaminación en la Amazonía y necesitamos unir fuerzas para denunciar ante el Estado estos hechos y buscar una pronta solución. Ayúdanos a informar.

martes, 9 de febrero de 2016

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA



“Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar - Cuaresma 2016

Foto de Aciprensa https://www.aciprensa.com

1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada
En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia
El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempeña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia
La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra 
alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf.Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).


Vaticano, 4 de octubre de 2015
Fiesta de San Francisco de Asís

martes, 2 de febrero de 2016

CLAUSURA DEL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

Hoy día 2 de Febrero se clausura el AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA.

            

    
La vida  Consagrada es una "llamada a ser profecía de un amor que no tiene límites".  El año acaba, la vida consagrada sigue, atenta a los impulsos del Espíritu. Hay y habrá mujeres y varones que se han dejado seducir por el Evangelio hasta el punto de querer dedicarle su vida entera.

(Martín Gelabert, op).-El año dedicado a la vida consagrada ha sido una ocasión para que, en la Iglesia, cobremos conciencia de la importancia de este estilo de vida, con diversas variantes y modos de realizarse: monjas y monjes contemplativos, eremitas, congregaciones que socorren a personas necesitadas, Órdenes religiosas con diversidad de carismas, institutos seculares, sociedades de vida apostólica, etc.
La sola enumeración de estos distintos modos de vivir la entrega consciente, pública y de por vida al Señor Jesús, manifiesta la riqueza de la vida consagrada, las múltiples virtualidades del Evangelio y las muchas urgencias que implica la construcción del Reino de Dios. Y también manifiesta que ha habido, hay y habrá mujeres y varones que se han dejado seducir por el Evangelio hasta el punto de querer dedicarle su vida entera.

Para los directamente implicados, el año de la vida consagrada no ha sido un motivo de autoalabanza, ni una ocasión para recordar glorias pasadas, sino una oportunidad más de agradecer al Señor su vocación y de mirar al futuro con esperanza. El dos de febrero finaliza el año dedicado a la vida consagrada, y lo hace dentro del marco del Jubileo de la Misericordia. La vida consagrada está llamada a ser profecía de un amor que no tiene límites y se manifiesta con más realce allí donde hay necesidad, hambre, pobreza, enfermedad.
Una de las muchas cosas que los consagrados tenemos que agradecer a Francisco es su valoración pública y explícita de este modo de vida evangélica y eclesial. No hay que olvidar que el Papa es jesuita y, por tanto, pertenece a una de las Órdenes religiosas con más solera y raigambre en la Iglesia. Quizás su "ser religioso" explique la finura en el discernimiento, la valentía en denunciar la injusticia, sus críticas a la autorreferencialidad eclesial, su capacidad de cercanía con la gente, su saber estar y saber acoger.


Clausurar el año de la vida consagrada es una oportunidad para dar gracias a Dios por tantas mujeres y varones que han escogido este modo de vida. Son gente débil, pero tienen muchas fortalezas. A veces se equivocan y hasta pecan, pero también hacen mucho bien. Tienen una historia gloriosa que contar, pero sobre todo quieren vivir hoy con fidelidad al Evangelio. Es justo, pues, dar gracias a Dios, que sigue llamando al seguimiento de Cristo a través de tantos carismas enriquecedores. Y dar también gracias a la Iglesia que acoge y promueve estas formas de vida en su seno. El "año de la vida consagrada" termina. Pero la vida consagrada sigue, atenta a los impulsos del Espíritu y a los signos de los tiempos, que la llaman a una continúa renovación y a una permanente fidelidad.