martes, 10 de noviembre de 2020

PEPA NIETO-Una vida para los awajun en Huampami

 PEPA NIETO-Una vida para los awajun en Huampami

Se nos fue otra misionera, Pepa Nieto (Josefina Nieto), a sus nada menos que 96 años de edad, de los cuáles pasó buena parte en su querido Huampami.


José Shimbucat, Justina Espejo, Witin Huampagkit, Pancho Ujucam, Miguel Espejo, p. Fermín, hna Pepa, hna Teresa María, Geno Samaniego,...

Pepa, espíritu libre, alegre, optimista, se las ingenió para tener una experiencia de vida entre los awajun del Cenepa, en concreto en la comunidad nativa de Huampami, donde recién empezaban a formarse pequeñas escuelas llevadas por docentes que ni tan siquiera habían terminado su educación primaria…


Hna. Pepa, con hna. Montserrat y p. Carlos en nuestra casa de Huampami

Como digo, convenció a la resposable de aquél momento para ir por un tiempo a Huampami, aunque también tuvo que convencer a los awajun que moraban por allá para que la recibieran, pues en aquellos tiempos no era tan fácil lograr esto, vivir insertos en una comunidad nativa. Aquí se vislumbran ya sus increíbles dotes conciliadoras, que le ayudaron a traer paz con diálogo y buen humor, en innumerables conflictos.


En la casa de Huampami, cuando todavía vivíamos en "la banda"

Estuvo viviendo en Huampami, ella sola como religiosa, por un año aproximadamente. Fue con la “excusa” de adaptar el método peruano de lectio-escritura al idioma awajun. Cosa que tuvo tan buenos resultados que en un año los niños de primero ya podían leer.

Entre los aguarunas no se concebía que una mujer estuviera sola, necesitaba un hombre que la atendiera bien, abriera la chacra, cazara animales,… así que el Apu de la comunidad le buscó un marido…Como pudo, intentó explicar que era hermana, religiosa, y no contraía matrimonio, que vivía en comunidad con otras religiosas. Como no terminaban de comprender su opción de vida, terminó resolviendo diciéndole al Apu que en realidad comía y necesitaba poco y mejor, pasaba sin esposo… Anécdotas de estas y otras nos contaba muchísimas, con lo que es imposible recordarla sin acabar riendo a carcajadas.


Cuidando sus animales

Al año siguiente, 1972, se le pidió si podía acoger a una  laica danesa, cosa que aceptó con agrado y ambas pasaron juntas otro año. Al año siguiente ya fue a Huampami otra religiosa más y se formó la primera comunidad de religiosas misioneras de La Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús en Huampami.

Pepa, narradora entrañable, contaba innumerables historias que le sucedieron en aquél tiempo, que nos arrancan una sonrisa y despiertan un inmenso cariño por las personas con las que vivía y a quienes quiso tanto hasta el final: los aguarunas/ awajun.


20 años en Huampami, de donde salió para ir a Nieva. Aquí pasó unos años y después tuvo que dejar el Perú para ir a atender a su hermana Isabel, que estaba enferma.

Pasó unos años en Madrid, en el barrio de Canillejas y los últimos 11 años de su vida ya en la casa madre. Siempre son su buen humor y su optimismo, sus reflexiones profundas y su gracia para escribir y narrar historias.


 

Damos gracias por la vida de Pepa quien, doy fe, hasta sus últimos años mantuvo a su amado Huampami siempre en su corazón.

Q.E.D.


miércoles, 21 de octubre de 2020

NOTICIAS DESDE TCHAD EN TIEMPO DE PANDEMIA

 De nuevo comunicándonos en este “paseo” en medio de la pandemia por los distintos lugares donde estamos, la Compañía Misionera. Esta vez hna. Miriam nos cuenta desde la misión de Batchoro, en el Tchad, el hermoso trabajo que hacen con las mujeres que poseen algún tipo de discapacidad física.

 Hna. Miriam con el grupo de mujeres en Batchoro

En las fotos se puede apreciar que trabajan por medio del corte y confección, aprendiendo un modo de ganarse la vida. También reciben clases de francés y reeducación física, de manera que aprendan a manejarse integrando la discapacidad que sufren y que puedan desarrollar su vida de la mejor manera posible, como cualquier otra persona.

En el taller de corte y confección


La pandemia no les ha impedido seguir desarrollando las actividades que llevaban a cabo y poder brindar servicio a estas valientes mujeres. 

Mientras hacen su costura aprovechan para conversar, compartir la vida.

Trabajando en el taller de corte y confección



jueves, 15 de octubre de 2020

DESDE CONGO EN ESTE TIEMPO DE PANDEMIA

¿Recuerdan a Denise? Seguro que sí. Denise es una hna. congoleña que ha estado viviendo con nosotras en Perú hasta 2016, año en que se fue hacia Colombia para completar sus estudios.

Este pasado año, 2019, regresó a Congo para apoyar en el Noviciado. Desde allá, Kinchasa, nos cuenta cómo han vivido este tiempo de pandemia.


La Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús somos una congregación religiosa exclusivamente misionera que quiere abrazar con su corazón el mundo entero. 

En este abrazo, hoy, nos vamos desde Perú hasta Congo, a mirar a través de los ojos de Denise la realidad que viven nuestros hermanos congoleños allá, en este tiempo de pandemia que también nos ha unido a todos en un problema común.

Pero dejemos que sea ella misma quien nos cuente su experiencia...

Con las jóvenes de la comunidad de l Noviciado de Kinchasa
                                                   


Me han destinado para acompañar en la comunidad de Noviciado del Congo, con jóvenes en formación para ser religiosas. 

Las jóvenes tienen diversas actividades dentro y fuera de casa. Yo me integré a esa comunidad tres semanas antes de que se iniciara todo el problema de la pandemia.

Trabajamos nuestra chacra para sacar alimentos y vender productos

Como consecuencia de la pandemia cerraron todo, no pudimos hacer nada fuera de la comunidad, pero organizamos algunas actividades para aprovechar este tiempo y no vivir angustiadas: más tiempo de clases, lecturas, manualidades (pulseras, bolsos con plásticos, tarjetas), teatros; sin olvidar nuestro trabajo de siempre: gallineros, huerta y cuidado de codornices que nos ayudan a mantenernos económicamente. 

 


Criamos y vendemos pollos, huevos,...verduras







Cuando empezó la pandemia, como cerraron todo, no había misas hacíamos la celebración de la palabra cada domingo en la comunidad. Aquí podemos ver a la Hna Arlette haciendo la homilía …

Y, bueno, a pesar de todo lo que vamos viviendo de pandemia, eso no ha impedido empezar una nueva comunidad en Kimwakasa, y cuando digo “nueva” es nueva en todo sentido, empezar de nada a algo: aquí la foto del terreno…









Si Dios quiere este lugar cambiará. El ser humano, con la ayuda de Dios es capaz de cambiar su realidad.








Las hermanas empiezan acrear   lazos de amistades con la gente del pueblo, trabajan en 

el campo. Se ve que poco a poco va cambiando el lugar, primero hicieron una casita de 

tierra,  ahora tienen una nueva casa, un poco más grande

Nuestras hermanas no dejan su actividad. 
 

Antiguo Centro de Salud


Primera piedra



 






Atendiendo en el nuevo Centro de Salud














Denise Yamba  💙

CMSCJ



miércoles, 7 de octubre de 2020

RAYITO CAÍDO DEL CIELO- Experiencias solidarias.

 Nuestras hermans de Fiori, en Lima, han podido dar su pequeño aporte a una de las ollas comunes de la periferia de Lima, en este caso en un Asentamiento Humano de Puente Piedra. Dejemos que nuestra hermana Carmen Molina nos cuenta la experiencia de estas mujeres del asentamiento que cada día dan lo mejor de sí para sacar adelante a sus familias y apoyar en esta situación de necesidad que se vive como consecuancia de la pandemia.

Mujeres de la olla común "Rayito caído del cielo"

“RAYITO CAIDO DEL CIELO“ es el nombre de la  OLLA COMÚN que acompañamos y de algún modo, hemos apoyado en uno de los Asentamientos Humanos de Puente Piedra.

Nuestras hnas. Carmen y Rosa María llegaron al asentamiento para aportar con algo de comida y de paso conocer la realidad 

Y hablar de OLLA COMÚN, no es solo hablar de una forma de solucionar el problema de alimentación y supervivencia de hogares vulnerables. Porque sobre todo, hablar de OLLA COMUN es hablar del coraje y tenacidad de las mujeres. De su audacia y capacidad de iniciativa para organizarse y llevar adelante las tareas que implican hacer frente a la precariedad de la vida impuesta por la pandemia. Tareas que exigen colaboración responsable y continuada en proveer, administrar y elaborar, la comida  que cada día se va a preparar y luego repartir a las  beneficiarias.

Todas meten su hombro en feneficio de todos


Cabe decir que la OLLA  “RAYITO CAIDO DEL  CIELO” nació y se sostiene,  con una ayuda solidaria, de ahí le viene su nombre.  Después, se ha ido manteniendo con los ingresos de un sol diario por plato de comida que aportan el grupo de mujeres  asociadas a la olla común. Actualmente la conforman unas 25 madres de familia y son 120 platos los que se preparan y consumen a diario. A ese ingreso, le suman lo que solidariamente consiguen yendo por los mercados cuando la necesidad lo requiere. Así van equilibrando su fondo. Ellas se organizan por días y todas van rotando. La motivación de tener asegurado un plato diario de comida para sus hijos, las lleva a la colaboración en el trabajo. Lo hacen con gusto.  

Trabajo compartido, la conversación, alegrías y tristezas...todo une. Trabajo por el Bien Común.


Y sobre todo, la acción solidaria de la olla común cobra un sentido de lucha y transformación social por parte de las mujeres. Es de esperar que esta experiencia participativa en el contexto comunitario y vecinal de las ollas comunes, abra caminos para una mayor participación y liderazgo a favor de la Mujer en la vida y desarrollo de los pueblos. 

¡¡Trabajando con tremendas ollazas!!




Carmen Molina ❁



lunes, 5 de octubre de 2020

TIEMPO PARA AGRADECER

 Y, bueno, seguimos adelante…Hay un tiempo para llorar, un tiempo para reír y siempre, un tiempo para celebrar!!

En este fin de semana pasado hemos celebrado los 50 años de vida 

religiosa de nuestras hermanas María Luisa Ruiz, Araceli Guimerá y Sylvia

 Tauro. La primera en Huampami, la segunda en Iquitos y la tercera en 

San Lorenzo.

Damos gracias a Dios por poder celebrar y por el don de la fidelidad.


Él nos eligió

Dios nos eligió

para mostrarnos unos a otros

el rostro del amor de Dios.

Somos el vocabulario de Dios;

palabras vivas

para dar voz a la bondad de Dios

con nuestra propia bondad,

para dar voz a la compasión, la ternura,

la solicitud y la fidelidad de Dios

con las nuestras propias.

Leo Rock, sj